Casi todos los alumnos han hecho alguna vez un horario de estudio. Suele ser un cuadrante bonito, de colores, hecho un domingo de septiembre, y suele durar entre diez días y tres semanas. El problema no es la falta de voluntad: es que ese tipo de horario está mal diseñado desde el principio.

Por qué fallan los horarios de colores

  • Son demasiado ambiciosos. Se planifican cuatro horas diarias de estudio en un curso en el que nunca se han hecho dos.
  • Reparten por asignatura y no por tarea. «Martes: matemáticas» no dice qué hay que hacer, así que el martes se abre el libro y se decide sobre la marcha, que es justo lo que se quería evitar.
  • No tienen huecos. En cuanto hay un imprevisto —y siempre lo hay— el plan entero se rompe y se abandona.
  • No se revisan. Un plan que no se ajusta cada semana es una foto fija de un curso que cambia constantemente.

El método: cuatro pasos, veinte minutos el domingo

Paso 1 — Pintar lo que no se puede mover

Primero lo fijo: clases, entrenamientos, actividades, comidas, sueño. Lo que queda en blanco es el tiempo real disponible, que casi siempre es la mitad de lo que el alumno creía.

Este paso solo ya cambia bastante la conversación en casa, porque hace visible que la tarde de los martes no existe.

Paso 2 — Listar tareas, no asignaturas

En lugar de «estudiar Biología», escribir «hacer el esquema del tema 3 y autoevaluarme». Una tarea tiene principio y final; una asignatura no. Se sabe cuándo has terminado.

Regla útil: si una tarea no cabe en un bloque de 40 minutos, está mal formulada y hay que partirla.

Paso 3 — Colocar por dificultad y no por gusto

Lo que más cuesta va en los bloques de mejor cabeza, que en la mayoría de alumnos es la primera franja de la tarde. Lo mecánico —pasar apuntes, hacer fichas de vocabulario— va al final.

Y lo importante: repartir cada asignatura en varios días en lugar de concentrarla. Tres bloques de matemáticas en tres días distintos rinden más que uno de tres horas.

Paso 4 — Dejar dos bloques vacíos

Dos huecos a la semana sin asignar, para lo que se cayó y para los exámenes que aparecen con tres días de aviso. Un plan sin holgura no sobrevive a la primera semana rara, y en un curso todas las semanas son un poco raras.

El indicador que sí importa

No es cuántas horas ha planificado, es qué porcentaje del plan ha cumplido. Un plan de dos horas diarias cumplido al 90 % vale mucho más que uno de cuatro cumplido al 40 %, porque el segundo enseña al alumno a incumplir sus propios planes.


Material gratuito

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  • Hoja de tareas por asignatura con casilla de cumplimiento.
  • Planificador específico para semanas de exámenes.
  • Las instrucciones de los cuatro pasos en una página.

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La semana de exámenes se planifica al revés

En semana de exámenes no se planifica hacia delante desde hoy, sino hacia atrás desde cada examen. Se marca la fecha, se cuentan los días disponibles y se reparte el temario en esos días, dejando siempre el último para repaso y no para materia nueva.

Para matemáticas tenemos el desglose día a día en cómo estudiar matemáticas para un examen.

Cuánto tarda en funcionar

Las dos primeras semanas la planificación se incumple, y es normal: el alumno todavía no sabe cuánto tarda realmente en hacer las cosas. A partir de la tercera semana, cuando ya calibra sus propios tiempos, el plan empieza a parecerse a la realidad.

Ese ajuste es la parte difícil de sostener solo, y es donde una revisión semanal con alguien delante cambia el resultado. Es parte de lo que trabajamos en las sesiones de técnicas de estudio.

¿Le ayudamos a montar su planificación?

Trabajamos la planificación semanal con revisión cada semana, hasta que la sostiene solo. Cuéntanos su curso y su horario.

Preguntas frecuentes

¿Desde qué edad puede planificar solo?

En 5º y 6º de Primaria la planificación la hace un adulto con el niño delante. En 1º y 2º de ESO se hace con supervisión. A partir de 3º de ESO debería hacerla él y el adulto solo revisar.

¿Papel o aplicación?

Papel funciona mejor en Primaria y primer ciclo de ESO: se ve entero de un vistazo y no está en el mismo aparato que las distracciones. En Bachillerato, cualquiera de los dos, siempre que se revise.

¿Y si no cumple el plan ninguna semana?

Casi siempre significa que el plan es irreal, no que el alumno sea vago. La corrección es reducirlo a la mitad hasta que se cumpla, y crecer desde ahí. Un plan cumplido enseña a cumplir; uno incumplido enseña lo contrario.